Tempest Storm o la mujer de los pechos de $50,000
Desde el momento de su nacimiento, la pequeña Annie Blanche Banks tuvo un puntillo de originalidad. Lo digo porque vino al mundo un 29 de febrero, algo que sólo puede pasar cada cuatro años. Si alguien creyera en esas cosas, diría que Annie, al ver que iba a nacer en 1928 y que ese año era bisiesto, precipitó su nacimiento (o lo retrasó) sólamente por llamar la atención. Eso fue algo que siempre le encantó hacer, hasta el día de hoy …
En cualquier caso, en su etapa de niña Annie Blanche probablemente llegase a aborrecer llamar la atención, o vivir en aquel apestoso lugar que era el Daytona Beach de los años treinta, o algo. Porque sufrió lo indecible. Por un lado, los abusos sexuales de su malnacido padrastro; por otro, la violación en grupo que sufrió, con apenas doce años, por parte de una banda de maleantes de su barrio. Desde luego, cuando Annie se marchó de su casa para no volver tenía razones para ello. Y la vida para una jovencita huida de casa, sobre todo si esa jovencita estaba desarrollando un cuerpo de mareantes curvas, no era fácil. Había que ir comiéndose el mundo para sobrevivir, ir dando tumbos, caerse en cada esquina.
Con veinte años, Annie ya se había casado y divorciado dos veces. Llevaba seis años fuera de casa, desde los catorce; y como la policía andaba detrás de ella para devolverla al hogar paterno, al cual tenía razones de sobra para desear no volver, se casó con Rural Giddens, un soldado al que conocía desde hacía una semana, a los quince. Obviamente, el matrimonio no duró ni un mes. El segundo, con Jack Locke, otro soldado (¡eran tan abundantes los soldados en los años de la Segunda Guerra Mundial!) que le duró un año. Entre marido y marido, fue sobreviviendo como pudo con trabajos de criada y camarera en bares de mala muerte, y en míseras habitaciones de a un dólar la noche. Y entonces llegó Hollywood.
Hay que reconocer que Annie no llegó a la ciudad de los sueños con buen pie. Fue detrás de un hombre que se había encaprichado con ella y que, a los dos meses de relación, ya sufría de unos celos enfermizos y obsesivos. Al abandonarle, Annie se vio tirada en la calle de nuevo y buscando un trabajo. ¿Y qué trabajo deseaban, más que nada en el mundo, todas las chicas que pisaban el dulce Hollywood de finales de los años 40?. Annie tenía veinte años recién cumplidos, dientes estropeados, una estatura más bien baja, demasiado peso y aspecto de chica provinciana, pero estaba convencida de hacerse un hueco en el mundo del espectáculo. Todas las agencias la rechazaban por ser demasiado explícita .. y fue esa característica la que le permitiría ser, años después, una de las reinas del baile burlesque. Pero habíamos dejado a Annie en busca de trabajo.
Lo encontró en The Paddock, un nightclub donde las camareras también bailaban. El salario era jugoso : 40 dólares a la semana y no había que desvestirse. 60 dólares si había strip-tease. En 1950, Annie se cambió el nombre por el de Tempest Storm (redundando en un metafórico estallido de truenos y relámpagos) y se subió a los escenarios como profesional. Y el público se quedó boquiabierto, principalmente porque su espectacular talla de sujetador era una 105, copa DD. Y ahí poco importaba la estatura demasiado baja para ser una modelo, o los dientes desordenados o el aspecto rudo.
El nombre de Tempest Storm corrió de boca en boca por todos los nightclubs de Hollywood y llegó a los actores de moda, que casualmente se caracterizaban, generalmente, por un escaso pudor y un gusto reverencial por las mujeres. Cuando Tempest vió entre el público a Mickey Rooney, antiguo niño prodigio y por aquel entonces ya más conocido por ser un mujeriego con suerte (¡Ava Gardner! ¡había estado casado con la mismísima Ava!), supo que aquella era su oportunidad. Mickey le desagradaba horrores, pero sería su puerta a la fama. Lo fue : después de un breve affaire con el pequeño actor, en El Ray Theater de Oakland empezaron a pagarle 350 dólares a la semana. Se hizo un armario nuevo, se compró un Cadillac y se tiñó el pelo de un descarado color rojo, y fue entonces cuando empezó la leyenda.
Bajo las órdenes del director de espectáculos Lillian Hunt, Tempest protagonizaba gran cantidad de shows de strip tease y burlesque en los primeros 50, cuando conoció a Johnny del Mar, presentador y cantante de aquellos espectáculos. Tempest, que todo lo que tuvo de estrella lo tuvo de mala electora de hombres, se enamoró de él. Durante dos años estuvo a punto de perderlo todo : la fama, el talento e incluso la vida, ya que Johnny tardó poco en dejar ver su personalidad de maltratador y en amenazarla cuando, en 1955 y rodando la gran Teaserama, ella le pidió el divorcio y se aseguró los pechos en 50.000 dólares, por si las moscas.
Tras Johnny, Tempest volvió a saltar a la escena pública con numerosísimos romances escandalosos y polémicos. Su affaire con Nat King Cole hizo a toda América hacerse cruces : él era negro y estaba casado. ¿Cuál de esas dos cosas estaría peor vista?. Se ligó a un joven senador llamado John F. Kennedy poco después, y a otro gran mujeriego que pasaría a la leyenda musical como el Rey del Rock. Su nombre estaba en los mentideros de Holywood, en la prensa, en boca de todos; cada vez que una imprenta publicaba en cualquier medio el nombre de Tempest Storm su caché se multiplicaba. A finales de los años 50, contratar una semana a Tempest costaba más de 3.500 dólares. Vivía en la zona más prestigiosa de Hollywood, puerta con puerta con Marilyn Monroe y vestía los trapos más caros. Herb Jeffries, su nuevo marido, contemplaba la fuente de todo aquel dinero con desdén, aunque cuando la había conocido ella ya fuera bailarina. Y a ella no le importaba. A Herb le plantó una verdad en los morros : su trabajo sería indecente, pero él vivía de él, de su sudor y de sus espectáculos. Al resto de la gente que lo opinaba, directamente no se planteó siquiera reprenderles : a Tempest la moralina americana siempre le entró por un oído y le salió por otro.
Al contrario de otras estrellas que se desvanecieron con los años, Tempest no hizo sino revalidar su posición como reina del burlesque en la década de los sesenta y setenta. Con los cuarenta y cinco cumplidos triunfó bailando en el mismísimo Carnegie Hall. Años después, el resurgimiento de la pasión por el baile burlesque la devolvió a las portadas de las que, en realidad, nunca salió.
Tras el matrimonio con Herb, a Tempest no le quedaron ganas de seguir aguantando a más hombres. Siempre los había utilizado para sus fines profesionales, pero a partir de aquel entonces no hubo ninguna excepción más. Tempest no cree en el amor ahora, con casi ochenta años, una casa llena de recuerdos y algún espectáculo ocasional (sí, a su edad aún sigue siendo contratada).
Y sigue igual de ruda. Las viejas glorias se niegan a cambiar.
Más en
· Web : Thomas Hauser, Tempest Storm en SecondsOut
· Web : Galería de fotos en Java’s Bachelor Pad
Put your hands up for Detroit, v. SmackEye Smith (2007)
Vía Llámame Lola :
Vídeo de SmackEye Smith,
música de Fedde le Grand,
y la estupenda imagen de Tempest Storm y otras chicas de las que algún día hablaré ![]()